Sinopsis: El establecimiento de una nueva oficina de Stephenson Harwood en Madrid supone una apuesta estratégica que trasciende la mera expansión geográfica en el ámbito internacional. Esta decisión refleja claramente que Madrid sigue su camino hacia la consolidación como uno de los principales centros de arbitraje internacional de Europa y, en particular, se posiciona de manera natural como punto de encuentro para la resolución de controversias entre empresas e inversionistas del espacio iberoamericano
A lo largo de los últimos años, el ámbito de la resolución internacional de controversias en la ciudad ha experimentado una evolución notable. A la consolidación y fortalecimiento de sus instituciones arbitrales se ha ido añadiendo también un aumento de la implantación de despachos nacionales e internacionales que destacan por su especialización en arbitraje comercial e inversiones. Así, con la entrada de Stephenson Harwood en el mercado, se incorpora un nuevo operador internacional de gran relevancia y se consolida la tendencia de especialización y competitividad del sector.
La oficina madrileña es el resultado de la integración de J. Almoguera Abogados, un despacho boutique con el que Stephenson Harwood llevaba años colaborando. Así pues, se trata de más que una mera incorporación societaria, ya que esa integración supone el ingreso en una estructura internacional plenamente consolidada, como es el ámbito de litigios y arbitrajes complejos de Stephenson Harwood.
Es en este contexto en el que la figura de Jesús Almoguera gana especial relevancia. Destacado por su trayectoria en arbitrajes y litigios de gran complejidad, Almoguera combina su labor como abogado de parte y como árbitro en controversias nacionales e internacionales relacionadas con operaciones de fusiones y adquisiciones, construcción, hotelería y transacciones financieras. Sumado ello, destaca también su contribución al desarrollo institucional del arbitraje en España, al haberse desempeñado como vicepresidente de la Corte Española de Arbitraje, entidad que posteriormente participó en la fundación del actual Centro Internacional e Iberoamericano de Arbitraje de Madrid (CIIAM).
Por otra parte, con la incorporación del equipo de J. Almoguera Abogados, Stephenson Harwood cuenta desde un principio con unos servicios de resolución de controversias totalmente operativos, así como con amplia experiencia en disputas de alta complejidad. Además de Almoguera, se integran Eduardo Vázquez de Prada y Carlos González Pulido, especialistas en pleitos y arbitraje en asuntos societarios, financieros y de reestructuración empresarial.
Ahora bien, la composición multidisciplinar del equipo de la nueva oficina madrileña resulta especialmente interesante, en la medida en que refleja el modo en que evolucionan las controversias internacionales en la actualidad.
Las disputas transnacionales, particularmente en sectores con un alto grado de reglamentación, como los de la energía, las infraestructuras o los servicios financieros, con frecuencia suelen requerir de competencias especializadas que trasciendan la esfera de lo estrictamente procesal. Así, en los arbitrajes de mayor envergadura se abordan cuestiones relacionadas con la financiación de proyectos, estructuras societarias complejas, procedimientos de insolvencia, regulaciones sectoriales o fiscalidad internacional.
En este sentido, merece una atención especial la incorporación de Elena Oñoro. Inspectora de Hacienda del Estado en excedencia y abogada especializada en arbitraje internacional, Oñoro dedicó más de una década a defender los intereses del Reino de España en procesos de arbitraje de inversión, incluidas controversias relacionadas con el sector de las energías renovables. Esta combinación de conocimientos, que no resulta tan habitual en el mercado, le ha valido una trayectoria singular en la que convergen la fiscalidad y el arbitraje de inversiones.
La pertinencia de estos conocimientos especializados cobra especial importancia en momentos en los que la evaluación de daños y la cuantificación de las indemnizaciones son aspectos cruciales en los arbitrajes internacionales. Las cuestiones fiscales pueden tener repercusiones decisivas en la valoración económica de las reclamaciones en numerosos procedimientos de inversión, en particular, en aquellos relacionados con cambios regulatorios en sectores sujetos a una alta intervención estatal. Oñoro, al combinar su experiencia arbitral y fiscal, se posiciona de manera especialmente sólida ante este tipo de controversias.
Sin embargo, el interés de Stephenson Harwood por Madrid trasciende el ámbito del arbitraje. Con la incorporación de profesionales procedentes de firmas de primer nivel, como Latham & Watkins, Watson Farley & Williams o Pérez-Llorca, el despacho puede brindar servicios especializados en fusiones y adquisiciones, financiación, reestructuraciones, insolvencias y fiscalidad internacional, etc. Estas especialidades, más que constituir áreas autónomas, responden a una estrategia cada vez más en auge entre los despachos internacionales consistente en crear equipos competentes para abordar de manera integral operaciones complejas y las controversias que de ellas puedan derivarse.
Este enfoque encaja particularmente bien con los sectores en los que el despacho ha mostrado especial interés, como son la transición energética, las infraestructuras, los fondos de inversión y el capital privado. Precisamente estos sectores son los que han dado lugar a algunas de las disputas de arbitraje internacional contemporáneo con mayor complejidad y relevancia económica.
Así pues, no cabe duda de que el establecimiento de la oficina madrileña de Stephenson Harwood supone algo más que una expansión comercial. Representa una señal más sobre la importancia que Madrid va cobrando poco a poco en el panorama internacional de la resolución de controversias y sobre la confianza cada vez mayor que depositan en la ciudad los grandes despachos internacionales como sede para abordar disputas complejas con dimensión internacional.
Conclusión
La llegada de estos nuevos operadores internacionales con equipos especializados y proyección a largo plazo supone una señal positiva no solo para el desarrollo del arbitraje español, sino también para el arbitraje vinculado al espacio iberoamericano. Así, la capital española sigue afianzando su posición como centro destacado a nivel internacional para la resolución de controversias, y la apuesta de Stephenson Harwood parece reafirmar que ese proceso de consolidación aún cuenta con un amplio margen de desarrollo.